Hazte premium Hazte premium

La tercera

Voluntad de poder y «derechos-deseo»

La búsqueda del placer o satisfacción de los propios deseos explica por qué muchos de los 'derechos-deseo' surgidos en la sociedad posmoderna giran alrededor de la libertad sexual

Otras Terceras

CARBAJO Y ROJO

Aniceto Masferrer

Friedrich Nietzsche erigió la voluntad de poder en el principal motor del ser humano. Y ésta se traducía, entre otras manifestaciones, en la ambición y la capacidad de satisfacer los propios deseos. El deseo es una parte importante de la vida humana. Una persona ... sin deseos carecería de una dimensión clave de la vida. Sin embargo, la cultura posmoderna propone la hegemonía del deseo individual como criterio orientativo fundamental de la vida humana, y muchas personas conciben la satisfacción de los propios deseos como el criterio moral básico de su existencia. Los avances tecnológicos han hecho que el hombre llegue a pensar que lo puede todo, que él es la medida de todas las cosas y que es preferible transformar la naturaleza y la realidad que conocerla. «Querer es poder». Robert Oppenheimer, por ejemplo, describe el invento de la bomba atómica como la «seducción tecnológica», y para Rudolf Hess los campos de concentración fueron una «proeza técnica» que permitió el funcionamiento ininterrumpido de los crematorios y las cámaras de gas. «Querer es poder». La técnica y el arte reflejan la idea de que el límite tan sólo proviene de la capacidad del artífice o del artista. De hecho, las expresiones alemanas 'kunst' y 'techne' están estrechamente relacionadas con el verbo 'können' ('poder'). Según esta concepción, son los propios límites del poder y de la capacidad los que determinan el límite del querer. En consecuencia, la voluntad no debería de tener otra limitación que la imposibilidad, y, por tanto, si la técnica permite algo (que en el pasado resultaba imposible), nada ni nadie debería de impedírmelo si ese fuera mi deseo. «Mi deseo es ley», según reza el título de la versión española del último libro de Grégor Puppinck. Mi deseo no sólo impide al Estado cualquier injerencia que pudiera frustrar la realización de mi deseo, sino que además le exige una prestación activa encaminada a la satisfacción de ese deseo.

Artículo solo para suscriptores

Esta funcionalidad es sólo para suscriptores

Suscribete
Comentarios
0
Comparte esta noticia por correo electrónico

*Campos obligatorios

Algunos campos contienen errores

Tu mensaje se ha enviado con éxito

Reporta un error en esta noticia

*Campos obligatorios

Algunos campos contienen errores

Tu mensaje se ha enviado con éxito

Muchas gracias por tu participación